
“Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Sólo que he visto y he visto.
Digo tan sólo que he visto
A la cuna del hombre la mecen con cuentos.
Los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos.
Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos.
Que los huesos del hombre los entierran con cuentos.
Y que el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos (…)”
“(…)Me han dormido con todos los cuentos
Y sé todos los cuentos
Me durmieron con un cuento
Y me he despertado con un sueño
Soñé, sueño, no soy un cuento.
Vengo de muy lejos.
Soy y vengo de sueños.
Y digo que soñar es querer,
Querer, querer, querer, querer,
Querer escaparse del espejo
Querer desenredarse del ovillo
Querer descoyuntarse de la dulce rosquilla de los cuentos
Querer desenvolverse, prolongarse
Soñar es decir cuatro veces,
Cuarenta y cuatro veces,
Cuatro mil cuatrocientas cuarenta y cuatro veces
Por ejemplo yo-no-quiero:
Verme en el tiempo,
Ni en la tierra,
Ni en el agua sujeto.
Quiero verme en el viento
Quiero verme un día libre en le viento”
Dejar el tiempo y abrirnos a los tiempos, al Aion, abandonar la tierra, la representación de uno mismo, y de otros mismos, entregarnos a la corriente, esto no es un viva el cambio, esto es una maquina de guerra, esto es un revolución que no busca convencer, que no busca enemigos, que no huye, sino que fuga y muta, como el virus del HIV, virus que es rizomático y allí la muestra que el rizoma no es la felicidad.
El acontecimiento es una ventana que se abre sola con el viento, es un encuentro en silencio.
En el adormecerse de la representación, algo nos afecta, una fuerza que no es amiga de lo que se escucha en lo literal, pero que rompe esa literalidad, porque el cuerpo es afecto antes que palabra, y conecta ahí con su materia : las fuerzas.
Trabajando de acompañante, acompaño y me acompaña Una vez por semana Martín A veces no pasa nada, y solo lo acompaño en silencio, en la imposibilidad de armar un cuerpo de a dos, presto el mío como espacio para alojar el silencio. Otras veces comienza una charla, y aparece algún signo, se lo lanzo y lo toma: comienza el encuentro, su voz y sus ojos toman otra intensidad, aparece un cuerpo de dos, que comienza a habilitar la multiplicidad, de la quietud pasamos al movimiento, del silencio a la fabulación creadora.
Martín, un día me dice tengo el autoestima baja, estoy deprimido, bajoneado(cajoneado), estoy mal, y sigue por esta línea dura, ¡es una trampa! estoy por caer , es el plano de la representación, de las certezas, ficciones reactivas, de la obturación del encuentro. Sin embargo su pregnancia es altamente adherente.
Escucho las representaciones, casi entro en la cantinela, casi caigo en el espejo, en la tierra, pero el afecto que me choca es de algo que vuelve siempre sobre lo mismo y le digo :¿ podes dejar de rumear un poco Matu? Rumiar como mecanismo que ahí bloqueaba al acontecimiento.
Algo pasa allí y Martín
se ríe, cambia su cara, su tono de voz, y comenzamos a hablar del rumiar, otro día lo retoma, y permite abrir otros temas como el miedo que tiene a quedarse solo, y le recuerdo su miedo a conocer gente, ante los dos miedos elige el primero, el que lo deja en al casa: siempre igual ,rumiando. ¿El otro podía ser un miedo a que algo de esto cambie?
Un miedo lo dejaba siempre igual , el otro miedo era a perder esto?
La posibilidad del encuentro causa muchas veces temor, la otredad tiene mala prensa, es sinónimo de inseguridad, maltrato, engaño.”Afuera el mundo es muy hostil, dice Martín ,le pregunto como es el mundo de adentro en el que vive? Silencio, al rato me dice que pensándolo bien no está tan solo que estoy yo, el otro at y la psicóloga.
Luego de unos encuentros me recibe y dice estar “inquieto”, denuncia entonces la trampa en la que se encuentra con su padre : “mi viejo necesita que yo esté aquí para siempre, que me quede acá para cuidarlo, a él le conviene que esté enfermo para siempre .
Una familia agenciada de tal forma que inhibe las potencias. Que ofrece un modo de vivir, sentir y pensar en relación al padecer, a lo inválido, a la quietud. Un padre rengo que se apoya en su hijo esquizo, quienes se relacionan desde la discapacidad y crean una ficción en la cuál si uno de los dos no está, el otro queda solo en el mundo.
Con mucha claridad explica como juega su padre este juego. Le pregunto si el no gana algo allí también, y dice que le daba tranquilidad, y comodidad. Pero que lo perpetúa a quedarse al lado de su padre.
“Necesito cortar este juego”, a mi también me da ciertos beneficios pero tengo que cortar.”
En sus palabras algo golpeaba, algo quebraba el horizonte, era un rugir.
Luego de hablar un rato le digo que del camello que rumiaba pareciera que hoy llegó el león que ruge, tratando de marcar la muerte de un yo y la llegada del devenir-león, del nuevo punto de vista.
Se ríe, lo toma y su cuerpo toma el tono de un león. Un león que se desterritorializa, que fuga, sin embargo esto me da un poco de temor, temo que se produzca una desestratificación violenta, no aparece un plano de consistencia claro aún , él cambió y me exige un cambio a mí, ya no estoy ahí para acompañar al camello penando, sino para acompañar a un león, a una potencia, a una fuga…el vértigo y la incertidumbre ahora me martillan a mí.
En el devenir algo de cada identidad cae y aparece algo nuevo, en mí la sorpresa de que en esa casa ya no me esperaba el camello, y así yo no podía seguir siendo un arabe caminando por el desierto, si no que allí había un león y la imagen que se me imponía desde la representación era un domador, la jaula se había abierto y ahora qué?
Pero si desde Arabia traté de volverme un terrorista de esa quietud, ahora algo me violentaba a pensar, a crear un nuevo lugar allí, ahora Martín ofrecía un cuerpo, una tierra y yo escuchaba en silencio.
Estábamos juntos, pero me sentía en soledad, entonces recordé un amigo en común ,se trata de Nietzsche y traté de invocar al niño al danzarín, al creador. Para que no se arme una trampa al fugar violentamente de otra.
Al comentarle a su psicóloga sobre el devenir león de Martín me pregunta si está paranoico, justamente aquí no hay paranoia, aquí hay un signo, no hay certezas, hay incertidumbre, inquietud.
Martín vive encerrado en su casa donde habita una ley, tan rígida que la casa se ha vuelto un fuerte, que lo llevaba a la resignación, hoy pareciera que se abre al universo, y es tan amplio que provoca inquietud, y la necesidad de un mapa, un plano de consistencia. Para él y para mí.
Mariano Lania